Anthony se yergue como faro en aguas agitadas. Lo reconozco a lo lejos: su altura y después su potente voz, digna de locutor de radio, lo caracterizan a simple vista y oído.

Acordamos encontrarnos en un parque a las 4 de la tarde, tiempo en el que hacía un sol de aquellos que derrite el cuello y evaporan las palabras, pero nos protegimos a la sombra de un árbol, al refrescante sabor de una cerveza bien fría, y obvio, al sonido de la música. Porque con Anthony tiene que haber música, (cualidad que comparto) especialmente salsa.

Anthony, ¿de dónde viene lo tuyo por el trabajo social?.  –No sé oís. Voy a apelar a la memoria– y aquí, con el gesto típico de los que se apoyan en los recuerdos, eleva la vista al cielo como si allá se encontraran y  responde:

Yo acompañaba a mi mamá al colegio donde trabajaba como profesora de Sociales y allí veía cómo se reunía con sus colegas a discutir y debatir cómo el gobierno ayudaría al gremio de profesores. Además veía también a mi papá hablar de política y de lo que sucedía en Colombia en esa época. Recuerdo también ver en familia a Jaime Garzón en la casa.

La nostalgia trata de dominar su voz, pero en seguida recobra la fuerza y se posiciona por encima de la música. – La gente que me rodeaba en ese momento creía que iba a estudiar derecho porque estaba involucrado en cuanta marcha y apoyo a los desfavorecidos.  Pero después de desechar varias opciones me definí por Terapia Ocupacional gracias al enfoque que ofrecía la Universidad del Valle. Además que mi sueño era estudiar allí.

Y entra a estudiar en la meca del pensamiento crítico y revolucionario. Aquí enriquece su visión sobre lo que acontece con el sistema de salud y expresa, sin tapujos, sus opiniones frente a este.

¿Por qué la necesidad de crear el sindicato? pregunto por fin pero él, inmutable y esperando desde el inicio de la conversación este interrogante,  responde con voz altiva y poderosa acercándose a la de un caudillo.

-Siempre me indagué por qué los colegios no hacían nada por los profesionales. Ya sabía que algunos colegas no estaban ganando bien en su profesión. ¡Estudiar 5 años para ganarse 2-3 mil pesos por paciente da mucha rabia! Pensé en unirme al colegio pero me di cuenta de que desde aquí no se podía hacer nada legalmente y surgió la idea del sindicato. No nos están tratando como merecemos.

Somos consientes que este proyecto es a largo plazo. Quizás lo más importante ahora es que hemos sacado a la luz nuestro inconformismo, nuestro malestar laboral y nuestra poca valoración como profesionales.

Nos tomamos el ultimo sorbo de la tercera cerveza fría que nos acompaña.  Nos despedimos y lo veo marcharse con su morral a la espalda, con sus pasos largos y seguros, sin tropezar con nada y recuerdo una frase del Che que me dijo en otra conversación al tiempo que me lo imagino en una tarima rodeado de mucha gente diciendo, sin micrófono, pues no lo necesita: “mi pensamiento va con los de abajo y hacia la izquierda”.

APRA.

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